El retumbar de la cumbia en el Mictlán: La noche en que Tlalnepantla bailó con Rayito Colombiano

rayito colombiano tlalnepantla

Hay canciones que no solo se escuchan: se heredan, se caminan y se bailan en la plaza pública. La noche del 31 de octubre, el centro histórico de Tlalnepantla dejó de ser un simple punto de tránsito urbano para transformarse en un escenario monumental donde el misticismo del Día de Muertos y la cadencia tropical de la cumbia compartieron el mismo espacio. En InfoTlalne.com te contamos que ocurrio ayer.

El pretexto principal fue el cierre del festival cultural «Raíces que Trascienden / Mictlálnepantla 2026», pero el alma de la jornada la puso la propia comunidad. Desde horas antes de que cayera la noche, las calles aledañas al icónico Teatro Centenario registraban un constante ir y venir de familias enteras: rostros bellamente caracterizados como calaveras, trajes tradicionales de catrines, alebrijes de gran formato y niñas y niños encabezando la caminata con la alegría propia de la festividad.

Tlalnepantla bailó con Rayito Colombiano

Del Teatro Centenario al corazón de la plaza: La marcha de la tradición

La jornada dio inicio formal a las 18:00 horas en las inmediaciones del Teatro Centenario, punto de reunión designado para la tradicional marcha de Catrines y Catrinas. A lo largo del recorrido por las vialidades principales, el contingente avanzó entre aplausos, música folclórica y el desfile de figuras monumentales que llamaban la atención de propios y extraños.

Al llegar a la Explanada Municipal, la multitud fue recibida por una escenografía que rendía tributo a la memoria: el monumental tapete artesanal «Camino al Mictlán», la iluminación de la Flor de la Memoria y el aroma característico del pan de muerto y café tradicional que se distribuía de manera gratuita entre las familias. La plaza no era solo un foro de conciertos, sino un espacio vivo de convivencia comunitaria.

Tres décadas sonando en el barrio: 30 Años de Rayito Colombiano

Cuando las luces del escenario principal se encendieron para dar la bienvenida a Rayito Colombiano, la expectativa contenida tras el desfile estalló en vítores. Para la emblemática agrupación liderada por Raymundo Espinoza, la cita tenía un matiz profundamente emotivo: conmemorar formalmente 30 años de trayectoria artística en uno de los bastiones populares más fervorosos del Valle de México.

Desde los primeros acordes de metales y acordeón, el grupo conectó de inmediato con las miles de almas congregadas. El repertorio funcionó como una auténtica máquina del tiempo musical:

  • Los clásicos infaltables: Éxitos como «Muchachita consentida», «Besando la cruz» y «El baile de la gallina» desataron el baile colectivo en cada rincón del plano municipal.
  • Fusión de géneros: La distintiva mezcla de cumbia colombiana con pinceladas de mariachi y música norteña hizo resonar el espacio, logrando que abuelos, padres e hijos compartieran la misma pista improvisada sobre el asfalto.
  • Unidad generacional: Parejas de distintas edades, jóvenes caracterizados con pintura facial de catrines dando giros al ritmo del compás tropical y vecinos saludándose entre la multitud marcaron la tónica de una noche inolvidable.

La cultura popular como punto de encuentro y pertenencia

Más allá de las cifras de asistencia y del operativo logístico desplegado para garantizar la seguridad y movilidad de los presentes, la presentación de Rayito Colombiano puso de manifiesto el valor de recuperar y habituar los espacios públicos a través de la cultura.

En un entorno iluminado por el color del cempasúchil y la calidez del festejo popular, Tlalnepantla demostró que las tradiciones vivas se construyen en la calle, compartiendo el arte y fortaleciendo el tejido social.

Al sonar la última nota de la velada y apagarse los reflectores, el ovación prolongada del público confirmó una certeza: cuando la cumbia se vive y se baila en la plaza principal de un pueblo, pasa a formar parte indeleble de la memoria colectiva que nos une como comunidad.

Fotos cortesia Gobierno de Tlalnepantla